Al final era un cadáver

Di por casualidad con Tyrannosaur (Redención, 2011). Gracias a un video que un usuario de Youtube hizo a partir de la canción que considero mi favorita entre todas las canciones. El video incluía otras imágenes de otras películas. El usuario se tomó la molestia de mencionar, en la descripción, de dónde provenían. Así fue que me puse a buscar en ese mismo sitio la película completa en español, pero sólo llegué a la versión en inglés, sin subtítulos. Comencé a verla a las 5.30 de la mañana, me parece. La primera escena me hizo llorar unos minutos. Apenas y podía entender. Más que hacer eso, casi la estaba interpretando, inventando lo que ahí ocurría por no comprender cabalmente los diálogos. Un momento después tenía la cara pegada al escritorio, después de escribir mensajes estúpidos en las redes sociales, como cada vez que me embriago, lo cual ocurre cada vez con mayor frecuencia, y entonces me fui a dormir. Puse pausa a la película y me acosté en la cama, ubicada a unos metros de la computadora. Desperté horas después al parecer en el mismo día o en otro distinto, ya no sé, y seguí viendo el filme hasta que se detuvo sin que hubiera terminado. Estaba incompleta. De algún modo lo agradecí porque seguía sin entender al cien, y pensé que me estaba perdiendo de algo mucho más importante de lo que había imaginado. Fue algo extraño. Creo que no había visto antes una película con tantas dudas por el idioma (por la cruda, también), pero con tantas certezas de lo que pasaba. Digo, por supuesto que no es tan complicada; no lo es, definitivamente. Es muy clara. Es muy directa y a cada momento busca cimbrar al espectador. Lo que se supone el cine debe hacer. Conmigo lo consiguió aún cuando no entendía, pongámosle, la mitad. Las siguientes horas la busqué en algunos sitios donde reproducen películas gratuitamente, pero no fue fácil encontrarla. Quise incluso comprarla original, pero su precio en tienda era insultante. La busqué en el tianguis más próximo, el que se pone afuera de mi casa, pero nada. Sólo los estrenos, ya saben. Entonces acudí con mis contactos que gustan del cine (no soy asiduo de la palabra cinéfilo) y me dieron algunas recomendaciones hasta que finalmente la encontré. Subtitulada al español y todo. Tiene algunos minutos que terminé de verla. Y en efecto: iba entendiendo la mitad. Y me complació enteramente la otra que me faltaba. Especialmente esto:

-¿La amabas?

-Ajam. Y también la odiaba. Era una mujer ingenua. Le tenía una confianza inocente a la gente. Perdonaba a todo el mundo por lo que sea. Me sacaba de quicio. Tan llena de piedad y amor… y yo le pisoteé todo su amor. No estoy orgulloso de eso. Creía que era una tonta. Pero no lo era, era hermosa.

-¿Deseas que todavía estuviera aquí?

-No. La seguiría tratando como a un perro.

-¿Por qué?

-Porque no soy alguien bueno.

-No estoy de acuerdo, creo que eres una buena persona.

-No sabes nada, muchacha.

-Me siento segura contigo.

-Nadie lo está conmigo.

Quisiera explayarme en qué otras referencias de escritores y cineastas vinieron a mi mente tras ver esto. Pero no lo haré. Lo único que puedo decir es que es de ese tipo de historias que me gustan. Donde todo al final era un cadáver… Decía que el cine se trata de cimbrar a las personas. Eso creo. De otro modo, honestamente, no le encuentro mucho sentido. Esas palabras que cité arriba retumbaron en mi interior durante horas. Como si un maldito T-Rex caminara sobre mi alma. Debo aclarar, por supuesto, que no sé nada del director, ni de su obra, ni de los actores. Acaso, sí, del protagonista, este hombre Mullan (seguro lo he visto por ahí). Y qué bueno que no sabía nada y que sea el momento en que no lo sé. Ya llegará. Como el día en que me convierta en un hombre como el de esta historia. Cuando los pasos de ese Rex que menciono y que hacen temblar mi presente sean más ciertos. Se acerca: lo veo, lo escucho, lo siento. Soy yo, como dice mi canción favorita, y nada podré hacer para evitarlo.

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