El vivir, y el morir, de una banda metalera mexicana

Aunque ya había visto en innumerables bardas y carteles de Ecatepec y lugares aledaños su logotipo, aunque ya era un metalero más en forma (con chaleco desgarrado decorado con algunos parches y toda la cosa), no me acerqué a la música de Transmetal hasta hace poco.
No, creo que fue hace unos ocho años… No lo sé. Tampoco puedo recordar con precisión cuál fue la primera canción que escuché de ellos. Es probable que “Creator of bitterness”, del álbum 17 years down in hell, el primer disco que compré de la banda que nació en 1987. Recuerdo que acudí al tianguis que se pone todavía lunes y viernes no muy lejos de la casa materna, con una doña cuyo puesto de discos pirata aún existe. No se especializaba en metal, pero tenía muchos y variados álbumes del género. Tenía también rock urbano, grupera, rap, rock indie, pop. Eso a lo que llamamos “de todo” cuando preguntan qué música te gusta. Ese disco, el 17 years…, me llamó la atención, como muchos otros me la han llamado en este tiempo en que he escuchado música, por la portada. Pensé que sólo por eso podría ser mejor opción que el resto de los que había de la banda. La doña me lo probó, si no mal recuerdo. En aquellos años se estilaba que te probaran los discos en el tianguis. Pero insisto en que no ha pasado ni una década de eso (ya la doña nomás vende discos en bolsitas, sin caja), me lo llevé a casa, y cuando mis cuates metaleritos me visitaban se los ponía. Les preguntaba, a ver si muy acá conocedores, si sabían quién tocaba. Mencionaban muchas otras bandas internacionales antes de sorprenderse cuando les decía de quién se trataba. Sí, estábamos todavía muy morros y ávidos de experiencias sonoras brutales. Ansiosos. Estábamos sobretodo rodeados de telarañas y de prejuicios que en el metal son dogmas. Entre ellos demeritar al metal generado en nuestro país, y especialmente al hecho por los Trans, como se les conoce en estos subterráneos mundos. La neta es que no sabía, ni he sabido, por qué a muchos les caen mal, o los odian porque tocan con los urbanos, o porque el metal en español suena a mierda o porque no tocan chido… Para mí todo eso es falso. Una mamada. Sí, en aquel entonces recién habíamos formado, esos cuates y yo, nuestra pichurrienta bandita metalera en español que hasta hoy persiste, para sorpresa de nuestros padres (porque pretendimos alejarnos de aquellas telarañas y prejuicios). Y de pronto decíamos, a quien nos lo preguntara (hubo quiénes), que Transmetal era, de alguna forma, una influencia. Y si no lo considerábamos estrictamente así, de menos reconocíamos su herencia, indudable por estos muy azarosos terrenos del metal ecatepense que les cuento. Un camino que hoy ya alcanza, para Transmetal, casi la treintena de edad. Un camino que, desde mi punto de vista, es el de la banda más importante del llamado metal mexicano. Para no polemizar de más sólo quisiera escribir que la gente, el público que los escucha, podría sustentar eso que digo sin tener que pronunciarlo. La gente, no los críticos, no los expertos. Trataré de explicarme: hace unos sábados fui a verlos con motivo de su participación en los festejos de los 35 años del Tianguis Cultural del Chopo. Fui para grabarlos porque tengo el deseo de hacer un trabajo documental sobre la banda, del cual espero luego hablar. Y lo que me encontré fue un poco de lo que puede verse en este video: a la gente cerca de ellos, tomándose fotos, pidiéndoles autógrafos, comprando sus discos. A la gente vitoreando su nombre. A la gente mateando y cantando con ellos, y ellos tan tranquilos. Tomándose las fotos, firmando, sonriendo. Esperando pacientemente su turno de tocar recargados en una barda, con los instrumentos en la mano. Treinta años después esta banda se mantiene así: con los pies en la tierra, pensé al verlos y al ver el video resultante. Al que le puse, nomás porque sí, que se trataba de una “crónica documental”. Un género que dudo que exista, pero que más o menos refleja mi sentir. Mi sentir no sólo respecto a la banda sino sobre al género cinematográfico en sí mismo. Una mamada, pues. Porque el video, si bien lo nombré así, busca ser visto más por quienes disfrutan de la banda, por sus seguidores, que por sus detractores. Sería algo más parecido a un detrás de cámaras; un bonus del menú de algún dvd de Transmetal, si acaso existiera. Hubo quien me dijo que le parecía que este material mostraba, por fin, el lado humano de estos hombres. Eso pretende ser. Un fragmento de lo que algún día espera ser un trabajo más grande. O aunque se quede así: es el registro de ese momento, un momento que no a todo el mundo le interesa registrar: el vivir, y el morir, de una banda metalera mexicana.


Texto y video publicados originalmente en Kaja Negra y Letras Explícitas.

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