Mi vicio

Cualquier hotel, ciudad de México, noche.

Lo hice por necesidad. Bueno, eso al principio. Una le va agarrando el gusto a las cosas, por muy malas que sean. Aunque en mi caso no ha sido así tan malo como todos piensan, fíjese. Sí hay momentos difíciles, cómo no, pero la mayoría de las veces una se la pasa bien, mejor que en otros lugares. En la casa, por ejemplo. Ahí sí que me iba mal para que vea. No soy casada, pero he vivido con algunos hombres que, híjole, se pasan de lanza. Pasé unos años en los que del diario me pegaban. Uno se llamaba Marcelo. Me padroteaba de vez en cuando en la avenida Cuitláhuac, por eso me enamoré de él. Pero si era re manchado, oiga. Fui a dar a derechos humanos y toda la cosa, ya se ha de imaginar. Una vez, fíjese, me molió la cara a golpes. Tuve que irme a trabajar así. Todos los clientes me decían que qué me había pasado, que qué poca madre, que eso no era de hombres. Que si yo quería, le partían su madre. Pero no quise. Me daba miedo que le fuera a hacer algo a mí y sobre todo a mis gatos. En ese entonces tenía tres. Todos negros. Y él sabía que eran mi adoración, si mucho tiempo estuvo viviendo conmigo el muy concha. Ni porque tenía a varias chavas trabajando para él le alcanzaba para pagarse una renta. Pos cómo, si todo se lo gastaba en chupe y en coca. Se embrutecía re gacho ese señor. Desde que me escapé (de mi propia casa, va a usté a creer) no lo he vuelto a ver y ni quiero saber qué ha sido de su vida, la neta.

Mismo hotel, noche.

No tengo hijos. Yo creo que me quedé estéril de tanta píldora que usé desde chamaca. Las cosas eran distintas entonces: antes tenías que cuidarte de no quedar embarazada, y ahora tienes que cuidarte de que no te contagien el Sida nomás por rozarte la cara. Las cosas son peores ahora, esa es nuestra cruel realidad. Y el trabajo se va complicando con los años. Una ya no es tan joven como antes, ya no tiene las mismas fuerzas, la misma energía, y para ser honesta, la misma belleza. Conforme se hace uno vieja, se va haciendo cada vez más fea, esa es la verdad. También por eso no tengo hijos: ya se me pasó el tiempo. Imagínate, a mis cuarenta y cinco años con un chamaco, no, es una pendejada. El niño va a sufrir, en primer lugar, de hambre: la plata anda muy escasa en estos tiempos. Y en segundo lugar, la gente se va a burlar de él; uno, por estar una tan ruca, y otro, por mi oficio. Pero no le queda a una de otra si lo único que sabe hacer es coger. 

Mismo hotel, baño, noche.

He cogido desde hace muchos años y ni un solo cliente se me ha venido, bueno, eso sí le aclaro, lo que yo iba a decirle es que no se han venido a quejar conmigo por un mal trabajo. Siempre he procurado la mejor calidad para los caballeros que solicitan miss servicios. Porque ellos le dan a una de comer. Y por atrás, pa que nos hacemos pendejos. Hubo un tiempo en que me decían la Histérica. Una, pos porque trabajé muchos años en un teibol que se llamaba Histeria. Era la pura variedad, estaba por el metro Balderas y le puedo asegurar que fue mi mejor época. Tenía yo quince años, no estaba toda gorda así como me ve ahora. Mi piel era tan suave como una colcha recién lavada, no toda rugosa como piso de banqueta de la Portales. Ahí tuve a mi primer pareja, el Ramiro. Manejaba una micro por la ruta de Tepito, Lagunilla, y siempre me iba a ver los viernes bailar. En ese entonces no le entraba bien al negocio; una cree que se va a salvar por siempre de abrir las piernas, pero no, no se puede, manito, la verdad es re difícil librarla; más aún cuando eres chavita, la carne fresca es la que más se vende. Una ya masticada, recogida, apenas y puede parar a un cliente. Por eso te agradezco manito, que te hayas animado. Orita ya voy, nomás deja me limpio bien las tepalguanas, una debe ser bien asiada en esta chamba. Ah, y la otra razón por la que me decían así es porque la verdad si soy medio histérica, medio lurias.

Mismo hotel, cama, noche.

Hasta ahora que recién me acabo de cambiar, porque allá ya hay mucha competencia; y otra, porque me ponía de cañón como ninguna. Usted puede preguntarle a quien quiera y verá que no le miento. Por poco y me dicen la Cañona, de tantas veces que me pedían esa posición, ya sabe cuál. (Se incorpora y se pone de perrito.) Porque hasta eso soy bien penosa. Una, porque me da pena, y otra porque la verga es mi vicio, señor. (Se vuelve a acostar y en ese momento el hombre la toma y le abre las piernas para penetrarla de misionero.) No hay nada en esta vida que se le compare a una verga venuda y con ganas de venírsele a una en la mera jeta. Pero eso ya es entrar en detalles, y pues no le tengo mucha confianza a usted. No se ofenda, los reporteros siempre me han parecido gente chismosa que nomás quieren hacerle el mal a la gente. ¿Para qué? ¿Para qué sacan esas fotos de asesinatos o todas las broncas de la gente?

Mismo hotel, cama, noche.

Lo que me cuentas de tu esposa está gacho. Ella que te quiere tanto y tú aquí de cabrón cogelón. Si me permites, déjame decirte que no se vale (Ahhhhg, se oye un gemido de él.) El sexo podrá ser lo mejor del mundo, pero no se le equipara en nada al amor. Y me vas a decir que qué se yo del amor o de hombres cabrones como tú: todos los días escucho historias parecidas a la tuya. Es más, hasta yo debí ser la periodista. O sicóloga, ya ves que ellas arreglan estos pedos mentales. Chance y pude haberme curado yo solita esta histeria que me cargo, o ya de perdis me habría entendido mejor a mí misma. Pero, chale, la vida se le hace a una bien fácil, y la verdad es que muchas veces si sales ganando una buena lana. La ventaja es para las que nos gusta coger, porque para las que no sí la padecen: muchas chavas si lo hacen porque necesitan el varo pa tragar. Yo igual, hombre, como te dije al principio, pero a mí si me late el cotorreo, el uyuyuy, el jajajá jijijí. Y como puedes notar, verdá, también me gusta el chisme, la buena plática. Es que a veces tengo unos clientes bien callados, como tú comprenderás, que dejan que uno se suelte la lengua. No nomás para hacer una chupadita, no, les gusta que les eches la mano en sus pedos, o que les cuentes un cuento. A mí me gusta ese del perro y el gato, ¿si lo has escuchado?

Mismo hotel, cama, madrugada.

Eso no tiene caso. Si usted supiera, de prostituta una conoce de todo. Debería meterse a trabajar de esto un tiempo si de verdad quiere conocer la intimidad de los demás. Hay hombres que te cuentan hasta lo que no les preguntas. Si usted supiera, yo me he metido con algunos políticos. Eso en mis años que mejor me iba. Era yo muy respetada y solicitada, como ya le dije. De los que me acuerdo estaba este señor… ¡Arturo del Monte!, ¿si lo ubica? O el que después fue presidente, que era su sobrino, Edgardo Peñarol, a él yo lo desquinté. Si, de verdad, no me des el avión quedándote callado. Casi nadie me cree, nomás porque después se hizo muy famoso con la venta de Pemex a los árabes. Y como esas tengo muchas historias que seguramente le gustaría oír, pero yo ya me extendí y le estoy robando del tiempo que me pagó para coger con la platicada.

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