Los demonios

1) Desde que abordó el vagón atrajo las miradas. Se sujetó a uno de los tubos horizontales y extendió ambos brazos completamente tatuados que su playera sin mangas dejaba ver. Una playera desgastada con el estampado de alguna banda de black metal. Los tatuajes se esparcían entre esqueletos y flamas y corrían hasta el cuello y de ahí hacia el rostro, culminando en dos líneas negras con detalles rojos y verdes. Verdes, como sus ojos, que resaltaban mucho no solo por la cara rayada sino por la ausencia de cejas. Sobretodo por los cuernos: dos pedazos de metal en punta circular incrustados en la frente. Un joven vestido con el uniforme deportivo de la secu lo observaba atento a breve distancia; le señaló a su compa, quien viajaba frente a él, ataviado también con su pants azul con camiseta blanca, la presencia de aquel sujeto cornudo de ropajes negros. Luego el joven se palpó la superficie de la mano izquierda para que su compa viera la de aquel hombre: además de las piezas ya referidas llevaba incrustado un pentagrama, también metálico, que hacía buen juego con sus nudillos. Es de esos satanistas, le dijo en voz baja el joven secundariano a su compa, y ambos se quedaron mirando fascinados un poco más a aquel hombre, también joven, de ojos verdes y sin cejas.


2) Don Carlos tiene setenta y cinco años. Es carnicero desde hace por lo menos cincuenta. Hoy vende tacos afuerita del local que adquirió treinta y cinco años atrás. Tiene rato que apagó el congelador en el que solía vender bisteces, retazo, costillas. La carne ya no es negocio, me dijo una de las tantas veces que hemos conversado. La más reciente me contó que de joven gustaba de correr, además de jugar futbol. Corría descalzo, joven, me aventaba, haga de cuenta, desde aquí a la Villa. ¿De plano descalzo, don Carlos, no se lastimaba los pies? No, antes no eran así las calles, no había tantos baches, vidrios, basura. No había tantos coches, todo estaba más limpio. Antes no eran así las cosas: fíjese, mi mamá leía el periódico y digamos que aparecía una noticia de algún asesinato en la que salían las fotos (y don Carlos imita al asesino simulando que apunta un arma, y al asesinado cerrando los ojos y echando la cabeza a un lado) y mi mamá decía, qué barbaridad, seguro se le metió algún demonio a aquel hombre para hacer eso. Imagínese joven, qué diría ahorita de esos periódicos donde sale la gente desangrada, los cuerpos en pedazos: no, pos ya todos son demonios.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s