Orquesta Basura, música sin desperdicio

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La vida de José Fernando está marcada por la música y por la basura.

También por la creatividad.

Este día se coloca a un par de pasos frente a su banda, luciendo su chaqueta naranja de barrendero. Está frente a mí y frente a estas otras personas. Estamos todos sentados, seremos unos treinta, debajo de una carpa. Él toca la campana que no anuncia la llegada del camión que recogerá nuestros desechos, sino el inicio del espectáculo de la Orquesta Basura, apestosísimo grupo proveniente de Desechécuaro, lugar del desecho, lugar donde la ciudad tira toda su basura y donde habitan los desechecacas como José Fernando, quien presenta sus instrumentos: con ustedes el Bajón, o bajo de tapón; con ustedes la Botería o batería de bote; con ustedes la Guitarraqueta o guitarra de raqueta; con ustedes la Portarra o guitarra portafolio; el banjo de cacerola y el banjo de lata (de atún Olores).

La gente se ríe y aplaude a cada uno de los instrumentos construidos con partes de instrumentos viejos, rotos, complementados con objetos de uso cotidiano, común, cuya naturaleza u origen nada tienen que ver con crear canciones.

Un par de horas antes, en una banqueta no muy lejana de aquí pero con sombrita (es mediodía y conversar debajo del sol se precia suicida), José Fernando me cuenta un poco sobre los primeros instrumentos de su orquesta y sobre el origen de la orquesta misma:

―Hay dos: el primero es un banjo de cacerola, que lo llamamos “banjo traste demás”. En esa cacerola de peltre, es verídico, yo comí muchos años. Ya estudiaba música y quería hacer un grupo musical donde pudiéramos tocar varios géneros, necesitábamos varios instrumentos, pero no había dinero ni recursos para conseguirlos y por esa época conocí a un grupo llamado Les Luthiers, el grupo argentino que al día de hoy lleva 50 años haciendo instrumentos de este tipo y haciendo música de diferentes géneros; entonces lo vi y ahí había una gran respuesta: en vez de comprarlos los podemos construir. Yo quería un banjo, en ese tiempo no había tantos banjos en México como ahora, ahora ya se popularizó mucho aquí, antes lo tenías que mandar a pedir e ir preguntando puesto por puesto a ver quién lo lograba traer. Era muy complicado. Y muy caro. Entonces se me ocurrió que con esa cacerola de peltre, si la juntaba con un brazo de guitarra roto que ya tenía pues podía salir algo interesante y pues me animé a hacerlo, lo intenté.

Pero José Fernando nunca había armado un instrumento.

―Nunca tuve una clase de ello y pues fue a ver qué pasa, tratar de observar e imaginarte cómo sería aplicado a los objetos que tenía a la mano.

José Fernando saluda a alguien: hola buenas tardes, cómo está.

―El siguiente instrumento fue una tipo gaita que consiste en una manguera de plástico con seis orificios, una manguera común y corriente, así, de jardinería, y una punta; lo tapé con un corcho y en medio del corcho se perfora para meter un popote de plástico que cortas en forma de triángulo para obtener como una doble lengüeta. Entonces si ésta te la pones en los labios y soplas pues sale un sonido parecido al de los globeros. Esa lengüeta, ya metida en manguera y con los orificios, me daba tonalidades diferentes. También fue de “se me ocurre que si junto este elemento con este otro, podría salir algo interesante”. El popote fue por un comentario que una vez un profesor en la primaria o en la secundaria, no recuerdo, nos hizo. Entonces mi lógica fue: “ah, si eso activa un sonido y lo pones en un cuerpo más grande, tienes la posibilidad de generar más notas”.

Esta banqueta y esta carpa están a unos metros del Reclusorio Norte de la ciudad de México. En Cuautepec. Hoy se celebra el final del campamento de verano de Jóvenes Orquestas, sociedad civil sin fines de lucro comandada por Juan Carlos Calzada, un hombre que desarrolló un concepto de comunidad barrial a través de la música tradicional mexicana, en principio, y demás actividades artísticas que acerquen a los jóvenes que allí viven al arte y alejarlos, lo más posible, de actividades, por ejemplo, delictivas. La labor de este hombre ha sido retratada por el documental México Flamenco, dirigido por Josep Badell y Carlos Sánchez-Llibre. Porque desde 2010 Jóvenes Orquestas ha buscado “contrarrestar el impacto de la falta de oportunidades de educación, empleo, opciones recreativas y culturales que los niños, adolescentes y sus familias padecen, en un contexto permeado y convulsionado por la presencia del Reclusorio Preventivo Norte, que incide de manera definitiva en la dinámica de la comunidad, desencadenando situaciones concretas de violencia intrafamiliar, delincuencia, tráfico de drogas, adicciones, entre otros.”

―¿Y lo ha logrado? ―Le pregunto a Juan Carlos.

―Sí, claro. Este espacio que tenemos aquí [refiriéndose al patio que recubre la carpa] estaba abandonado, con basura, coches, aquí se drogaban. Los vecinos limpiamos y adaptamos. Nadie se ha metido con nosotros ―la gente ha respetado, insiste, y se ha involucrado poco a poco.

De vuelta en la banqueta, pues aún falta poco más de una hora para que toquen, José Fernando me platica acerca del acordeón con el que acabamos de tomarle una foto:

―La historia del acordeón, acordeón basura o acordeón de la amistad, como le decimos, es una idea que surgió alrededor de hace cuatro o cinco años, ya que nosotros siempre vamos caminando, volteando a ver nuestro entorno y pues siempre a los objetos les vemos forma de instrumento musical. Así que alguna vez se nos ocurrió hacer un acordeón con basura ya que no tenemos registro de que se haya hecho antes en alguna parte del mundo, no hemos encontrado ninguno y pues el reto que nos pusimos: lograr hacer un acordeón con basura, reutilizando algunos objetos que tuviéramos a la mano. La primera prueba que hicimos para el acordeón fue con un bidón de plástico y pues obviamente entre nuestra poca experiencia, entre los pocos recursos que teníamos para adquirir herramientas, pues no lo logramos. Nuestro compañero Óscar de Jesús lo retomó hace aproximadamente dos años, dos años y medio, ya con un poco de más y mejores herramientas y fue que logramos construir ese acordeón. Él fue el que prácticamente lo construyó todo. No pudimos lograrlo con el bidón de plástico ya que no pudimos evitar las fugas en ese material, además es muy grande la maquinaria, son bastantes piezas las que hay que ajustar sobre el cuerpo y pues era prácticamente imposible hacerlo con plástico. Por eso decidimos hacerlo con dos cajones de madera. Ya estaban los cajones hechos, nos los regalaron, eran de un buró; el fuelle lo hicimos con un papel tapiz, el papá de Óscar trabaja con este material, es tapicero, entonces tenía un papel tapiz que nadie le compraba. La gente no lo compraba porque decía que era muy ridículo o pasado de moda, entonces fue el que nunca vendió y nos donó. Desde el inicio la idea era tener las teclas de este instrumento como teclas de máquina de escribir, ese fue el único elemento que queríamos que tuviese desde el inicio.

―¿Aproximadamente cuántos instrumentos han construido?

―Hemos construido alrededor de 40, 45 instrumentos. Consideramos instrumento desde la manguerita que haces en tres minutos hasta el acordeón, que es el instrumento que más tiempo se tardó: casi dos años en construirse, cuatro si lo pensamos desde que lo concebimos. Regularmente en los conciertos se utilizan alrededor de veinte instrumentos. No se utilizan todos ya que algunos fueron construidos para grabar una canción en el estudio o se quisieron llevar al escenario pero realmente es muy complicado microfonearlos… Otros se hicieron y en el camino se fueron desarmando o modificando.

―¿Cómo es el proceso de creación del instrumento? ¿Dónde y cómo se abastecen de materiales?

―No es que vayamos cada quince días al basurero. Conforme crece el proyecto es más complicado dedicarle tiempo a ello porque empiezas a administrar otras cosas, pero siempre que podemos visitamos basureros o centros de reciclaje, incluso tenemos ya conocidos barrenderos que de repente los vamos a visitar y metemos la mano al bote, tal cual, pero la más común es la de ir caminando por los tianguis y comprar en la cháchara. Muchas veces uno piensa en Orquesta Basura y creen que somos pepenadores que estamos ahí metiendo la mano siempre; no, también hay otras cosas que nosotros consideramos basura, más bien nuestro término de basura es todo aquello que está en desuso: si tú tienes algún aparato que está nuevo pero lo tienes arrumbado en tu casa, pues es basura, estorba, ni se está ocupando, está acumulando polvo, etcétera, está siendo algo inservible. Entonces para nosotros eso es basura. También cada vez que podemos visitamos la casa de un amigo y siempre andamos echando el ojo a todos lados: si vemos algo con polvo: “oye qué onda con esto, ya no lo ocupas. Véndelo”. O no “ps te lo regalo”, muchas veces pasa eso. También pasa que el mismo público llega y nos lleva un tubo de PVC, por ejemplo. Digo, no todo sirve: hay mucha gente que nos regala la botella de PET. No es de que vayamos a salvar todas las botellas de PET. También hemos ido caminando por la calle y tal cual recogemos un mueble viejo, qué se yo; en las carreteras también nos ha pasado cuando vamos de viaje “ah, párate, párate” porque encontramos una llanta, por ejemplo.

―¿Qué hace la Orquesta Basura con lo que no utiliza, con su propia basura? ¿Tienen un almacén o lugar donde la guarden?

―Hay tres lugares diferentes. Uno es la azotea del baño de mi casa, otro es nuestro propio taller de construcción de instrumentos (en Neza, en la casa de Óscar de Jesús), ahí vamos acomodando como podemos, y nuestro estudio de grabación que también es bodega al mismo tiempo (en Cuautepec). Llega un momento en el que acumulas tanto que incluso ya no es sano para uno: no cabes, solamente estorba. Entonces cuando hacemos limpieza general vamos sacando cosas, vamos eliminando. La mayoría de éstas son aquellas que se pueden vender: si tenemos fierros que ya vimos que tienen ahí tres años y no se han ocupado le volvemos a dar una vuelta a ver si nos sirve y decimos pues no, mejor ya a venderlo.

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Soy José Fernando López, me dicen Forest, tengo 27 años y soy el director y fundador de Orquesta Basura. En algún momento de nuestra historia estuvo Ami Aguirre con nosotros, la única chica basura hasta el momento. Está Yayo, que se llama Yahir Cerda, primo mío, él tiene 25 años; está Bryan Cerda, que también es primo mío, hermano de Yayo, él tiene 20 o 21 años, no sé, es el integrante más joven y reciente, y Óscar de Jesús, que tiene 28 años. Al principio a cada quien le interesaban ciertos instrumentos y pues se limitaba a ellos. Por ejemplo, yo sólo quería la guitarra, pero en algún momento no había quién tocara los alientos y me interesó entrarle a esa cuestión. Entonces empecé a tocar un poquito de clarinete, tomé algunas clases en una orquesta, y pues así ha sido: cada quien el que le interese, se mete o no en tocar otros instrumentos. Yayo, que toca el bajo, también da unos guitarrazos y también toca un poco de batería, pero él no puede tocar una trompeta, por ejemplo. Entonces básicamente soy el único que toca instrumentos de viento, los demás tocan prácticamente cuerdas y percusiones.

Este diciembre cumplimos 7 años. Desde un inicio nos llamamos así. Y lo único que no ha cambiado son esas ganas de hacer cualquier tipo de música pese a que no tengas las herramientas a la mano. Digo, ahora ya vivimos de esto, pero seguimos sin tener dinero para comprar otros instrumentos. A partir del inicio a la fecha han cambiado, o más bien, se han replanteado algunas cosas. Por ejemplo, ya está también esta cuestión de la creatividad, de vernos creativos, de ver tu instrumento terminado y sonando. Es como una reafirmación de que sí se pueden hacer las cosas. Uno va adquiriendo el compromiso de ser cada vez más creativo, de ponerse otro reto, algo más allá de lo que ya lograste. Además ha sido un espacio en donde encontramos la forma de expresarnos como nosotros queremos. Y eso implica un poquito de esta cuestión de picardía mexicana, de humor. Al principio no era la idea ser un proyecto de humor, pero poco a poco se ha perfilado en ese sentido y hasta algunos piensan que somos actores. Porque ya hay algunos chistes que prefabricas, y al mismo tiempo hay momentos de improvisación. Pero todo es más bien como con ese ánimo de cotorrear, de pasarla bien y pues también de utilizar estos elementos: cuando uno descontextualiza los objetos, las palabras, nos hemos dado cuenta de que a la gente le genera mayor impacto y la reacción es muchísimo más inmediata, entonces se digiere más fácil algún mensaje. Al principio nomás queríamos ser un grupo que tocara, que diera guitarrazos y ya, pero conforme ha pasado el tiempo nos hemos involucrado en generar algunos talleres de construcción para el público, en dar algún tipo de conferencias, qué sé yo. Se ha extendido el campo de trabajo, de proyección de Orquesta Basura. Apropósito de Jóvenes Orquestas, nosotros también desde hace años tenemos la necesidad, la iniciativa y las ganas de querer formar una Escuela Basura, una escuela donde la gente viniera y quisiera aprender música y se le enseñara, se le dieran clases, y si no tiene pa comprar el instrumento pues que él mismo lo pueda construir. Nos hemos dado cuenta de que aquí hay niños que vienen y se clavan más en la construcción que en tocar, entonces por qué no generar esa dinámica de que construyan y vendan esos instrumentos y generar un empleo para ellos, un ingreso por medio de la creatividad y la música. Como nosotros decimos: generar nuevas Orquestas Basura, no queremos ser ni los únicos ni los exclusivos, no nos importa; queremos hacer esta escuela, donde si hay dos o tres personas que quieran hacer un grupo de rock y ya tienen instrumentos con basura y ya tienen las ganas y tienen el apoyo (en este caso seríamos nosotros), ps por qué no, que haya una banda meramente de rock de instrumentos con basura. Aprovechando que Orquesta Basura ya tiene un camino abrirles uno a ellos tal vez, aunque sea de hobby, de entretenimiento o de proyecto de vida; es algo muy positivo, nosotros preferimos que haya veinte nuevos grupos de música con basura a que haya veinte nuevos grupos delictivos. Ya estamos en la formación de nuestra propia Asociación Civil, los escritos que se te piden y toda esta onda, el plan de trabajo. Sí queremos generar esa conciencia de comunidad, de trabajo en equipo, de revalorar incluso los oficios, los trabajos que hay en nuestros barrios como el carpintero, como el mismo barrendero, el reciclador, etcétera. Que haya siempre un trabajo responsable y con respeto hacia los demás. Lo proyectamos para iniciar el siguiente año, en enero, febrero, echarlo a andar se tengan los recursos que se tengan, así como empezó Orquesta Basura: con creatividad se va a sacar adelante, con trabajo.

En un inicio no nos interesaba involucrarnos en ello. Sin embargo nuestro proyecto es un reflejo de lo que pasa en nuestra sociedad, habla sobre nuestro entorno. Y no tiene que ser meramente ecológico nuestro discurso para que exista y para que se vea reflejado. Yo que vivo acá en Cuautepec de lo que más me quejo es que la gente tire basura en la calle. Acá hay un río, el famoso donde Juventino Rosas se inspiró para concebir “Sobre las olas”, es un río que pasa aquí y ya está contaminado, entonces es increíble pensar que una obra tan musical, artística, tan famosa en el mundo, hecha por un mexicano, inspirada en un lugar que antes era hermoso, ahora esté lleno de basura. En época de lluvias se desborda y todas las colonias terminan afectadas. Año con año lo negocios han tenido que buscar dinámicas para que no se les inunde: tienen su barda principal muy arriba porque ya están acostumbrados. Entonces la gente no piensa que ellos mismos son, o somos, los generadores de esa cuestión. Mucha gente en lugar de darle la basura al camión va al río y ahí tira su bolsa. Y diario. Imagínate.

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El Mamarracho entra a escena después del coro de moscas de la Escuela Inferior de Música y de que una mujer bailara con ellas el paso de mosca más ridículo al ritmo de “que zumbe la mosca, que suene el timbal”.

Con su atuendo de basurero y una máscara de luchador color naranja, el Mamarracho es abucheado a petición de la Orquesta Basura. El consejo que este hombre tiene para nosotros es que la única forma de triunfar en esta vida es no bañándose.

La gente, los niños, ríen. El espectáculo que la Orquesta Basura ofrece para esta gente, para alumnos de Jóvenes Orquestas y para los vecinos, combina perfectamente el humor con la ejecución impecable de sus instrumentos alternativos, con todos los temas que tengan que ver con la basura. De pronto, detrás de ellos, del escenario, pasa un camión de recolección y alguno de ellos expresa: “ya vinieron por nosotros”. O cuando se oye al hombre del fierro viejo otro dice: “ya me habla mi papá”. Ahí en la calle, debajo de esa carpa, pareciera que la realidad basurera es también parte del show.

―¿Dónde conseguiste tu chaqueta? ―Le pregunto a José Fernando.

―La compré en las chácharas. Una vez me bajé en metro La Raza y ahí había bastantes chácharas, y tan sólo iba pasando, me llamó la atención, estaba nuevecita cuando la adquirí. Me la vendieron en cincuenta pesos y ya la señora me contó que la vendía porque a su esposo no le quedó, su esposo que trabaja en la basura. Los barrenderos me cuentan que sí tienen dos uniformes, pero aunque les den uno nuevo, si se sienten a gusto con el de hace dos administraciones siguen trabajando con ese. Un dato curioso: ésta la he lavado dos veces en los seis años que llevo con ella; una vez, nada más, una vez. Y fue mi mamá. En mi ignorancia dije: “no ps la tengo que usar y que la gente vea”. Ésta nada más la uso cuando toco, cuando trabajo. Entonces yo pensé que la gente que se dedicaba a la basura no lavaba o lavaba muy poco su ropa y no, al contrario, ellos me dicen que la lavan cada dos o tres días.

―¿Qué opinas de estos trabajos? ¿Ustedes los dignifican?

―Pensamos que muchos de esos trabajos no deberían existir. Porque realmente no es fácil meter la mano a la mierda, al desperdicio, no es fácil y no es agradable. Es toda una serie de circunstancias las que los hicieron estar en ese lugar. Rocío, la barrendera con la que estuvimos conviviendo una semana [para el video de “Chata Rita”], acompañándola en su trabajo, ella se siente orgullosa porque a fin de cuentas es un trabajo que dignifica, un trabajo que están invirtiendo tu tiempo, tu esfuerzo, como en cualquier otra actividad, y estás recibiendo pues un ingreso; no es el mejor ingreso, no es la forma ideal, porque ella me decía que fue voluntaria durante hace once años porque la delegación Gustavo A. Madero no le había dado su plaza. O sea, ni siquiera ese reconocimiento ha tenido por parte de las autoridades. Después del video, y no por el video, ya nos enteramos de que ya le habían dado su plaza y pues qué chido, ahora ya recibe un salario fijo: antes era nada más de lo que la gente le daba cada vez que tiraba su basura. Su esposo de Rocío, don Noé, también es barrendero. Él diario pasa a un lugar donde venden barbacoa, en donde crían a sus propios borregos, diario pasa a sacar la mierda de los animales, entonces imagínate diario estar agarrando ese material… No porque viva en la basura debe vivir en pobreza extrema, y es lo que mucha gente no entiende. Asimilan al basurero como alguien “corriente”, alguien sin educación, no sé, incluso delincuente o transgresor. Entonces nosotros, más allá de redignificar esos trabajos es simplemente “respeta porque no sabes qué pasó en su vida para que él llegara ahí”. Yo mismo sólo quería ser músico, no quería tener nada que ver con basura. Sin embargo estoy metido de cierta forma en esto, no al igual que ellos, para nada es al nivel ni la misma situación, pero me abrió la conciencia de decir: “respeto total a cualquier persona, a cualquier trabajo, a cualquier oficio”.

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La vida de José Fernando está marcada por la música y por la basura.

―Tengo un único tío que me decía Pepe Nando, desde que yo era niño. Hasta un año después de que formé Orquesta Basura generé conciencia de ello: “ah, órale, qué chistoso”. Otro tío lejano nos contaba que mi bisabuelo Lucio fue de los primeros que se dedicaban a ir a las fábricas y a sacar la basura y después venderla para su reciclaje. Yo no sabía, ni lo conocí. Ni mi papá ni mi abuelo me habían platicado esa parte de la historia. Entonces el tío me dijo: “no te creas mucho, no eres el primero de la familia que se dedica a la basura”.

Todos en la familia de José Fernando han sido músicos.

―Desde siempre tengo la música en la casa. Siempre tuve su apoyo pero nunca tuvimos el dinero para comprar. Digo, yo nunca he tenido un piano y hasta la fecha no lo he podido comprar, por ejemplo. Algo que en mi carrera era indispensable. Yo aprendí de la forma tradicional, en casa me enseñaban un poco de guitarra y estas cuestiones; desde chicos aprendimos a tocar y estas cosas; nos gustaba el rock, nos interesaba ser roqueros, dar guitarrazos, pero conforme fuimos creciendo vimos que la música también podía estudiarse; entramos a una escuela de iniciación artística del INBA, ahí yo estuve en guitarra, pero ps no me gustó, yo quería componer, me metí a composición en la Escuela Nacional de Música de la UNAM y pues así todos los integrantes que han estado en Orquesta Basura siempre tienen estas dos partes: una, la tradicional, y otra de que en algún momento han pasado por alguna escuela y pues todo eso se junta y la intención de Orquesta Basura es hacer cualquier tipo de música que nos guste.

José Fernando siempre habla en plural:

―Digo, no tenemos los súper ingresos, pero funciona bien porque creo que seguimos muy honestos en cuanto a nuestro cometido que es hacer música en donde sea y como sea. Muchas veces no es posible, pero siempre procuramos que sea la esencia de si hay una consola pequeña y hay diez personas y se esperaban cien, pues con diez personas hacemos el toquin. Entonces, como siempre tuvimos este ánimo, siempre fuimos a cualquier lugar al que nos invitaran.

Y confiesa: Orquesta Basura sólo iba a tocar una vez.

―Improvisamos un día. Un día antes le inventamos el nombre. Ya había instrumentos, ya había unas ganas de hacer esto, pero no fue de “vamos a hacer Orquesta Basura”. Más bien fue de que mi papá me invitó, mi papá es payaso, me invitó a un evento de payasos y dijo que estaría chido que hiciéramos algo con esos instrumentos. Entonces invité a Yayo y a Ami. “Vamos a hacerlo, a ver qué sale”. Y tocamos tres rolas. Y nos gustó, nos gustó qué se sentía y el público que estuvo ese día nos preguntaba: ¿cuándo es el siguiente toquin? “Ps no hay. Es la primera vez que tocamos y la única”. Y hasta ahí quedó. Ami y Yahir iban en el CCH Azcapo y entonces ellos se veían diario y entonces la comunicación fluía muy rápido entre ellos. Se juntaron en un lugar en donde había puros músicos.

Entre ellos y el propio Pepe Nando se motivaron a seguir. Su segundo toquin fue en un concurso de bandas que hubo en ese mismo CCH. Lo ganaron. El premio era tocar en Casa del Lago. Para un grupo que había tocado dos veces, y la tercera ahí, era inverosímil. Siguieron ensayando. En la casa de cultura más cercana pidieron espacio para tocar, se los dieron y de ahí empezaron a jalar a otros lados. En esas ocasiones no les pagaban.

―Nosotros nunca lo pretendimos, nosotros solo, insisto, queríamos dar guitarrazos.

Empezaron a hablarles y a decirles que fueran a escuelas, a eventos infantiles. No es infantil, pero podemos. A ecológicos. No es ecológico pero podemos ir. Otros les decían: no, es que está bien loco, muy alternativo, y por eso querían meterlos en eventos rock, aunque tampoco es rock, me dice Pepe Nando.

Hasta que sucedió.

―Creo que todavía en el Hi5 o el Myspace, nos escribieron de Cumbre Tajín. Para nosotros fue: ah, ps qué chido. Ni sabíamos qué era Cumbre Tajín. Investigamos que era un festival bastante grande y que dura una semana, y chido. Y nos dijeron cuánto cobran, y nosotros, ps no sabemos cobrar, ¿no? Y que un recibo de honorarios… No teníamos ni idea de eso. Le contamos a uno de nuestros maestros en la Nacional de Música y nos dijo “yo les puedo prestar un recibo de honorarios y más o menos así le pueden hacer…”

Cobramos en esa ocasión y nos hicieron una contrapropuesta muy muy baja, muy matada, pero aceptamos porque era nuestro primer viaje, cinco días, te pagaban todo y te pagaban el toquin… Para nosotros era una locura. Yo tenía 20, 21 años, una cosa así… Tocábamos en los mismos escenarios que tocaba Mono Blanco, por ejemplo, grupos así chonchos, consagrados. De ahí supimos que podíamos cobrar por esto.

Asociaciones civiles siguieron haciéndoles propuestas con pocos recursos: la Orquesta siguió pidiendo transporte y equipo de audio.

―Así es como hemos podido sobrevivir o vivir de esto, porque es tan versátil, es tan amplio el abanico que tenemos invitaciones de muchos lados. Poco a poco se va ampliando nuestro campo de trabajo. Aunque todavía nos está echado andar, pero ya tenemos nuestro propio estudio de grabación. Nos salía más barato comprarlo que invertir en discos, por las ideas que tenemos a futuro, era más de arriesgarnos, de invertir, de apostarle… nos endrogamos como un año, épocas duras, pero ya tenemos para grabarnos a la hora que queramos.

Mucha gente, me cuenta José Fernando, les exige que, al llevar siete años de trayectoria como grupo, deberían ser más conocidos. Pero él no está de acuerdo:

―Pensamos que nuestro grupo lleva procesos diferentes que los de un grupo normal. Consideramos que la primera etapa musical fue aprender a tocar nuestros instrumentos; ya sabíamos dar guitarrazos y hacer acordes, pero no en estos instrumentos. Asumir esa actitud: “voy a agarrar esta cacerola como un instrumento”, es complicado conocerle sus mañas, saber por qué sí suena o no. Algunos suenan desafinados por naturaleza, entonces o haces un instrumento perfecto o aceptas esas desafinaciones como algo tuyo. Al principio era: hagamos música instrumental para que aprendamos a tocar estos instrumentos, y vamos a hacer covers para que la gente tenga un referente y se dé cuenta de que sí están funcionando estos instrumentos, que sí es real poder hacer música con estos instrumentos.

El primer disco de Orquesta Basura se llama Primeros fracasos, y fue grabado deck de caset. Cada vez más sus escuchas les preguntaban si tenían material grabado.

―Fue una vacilada también de nuestra parte: un amigo nos consiguió un deck de caset de cuatro líneas, con un micrófono Mitzu así chafísima, cables pegados con cinta de aislar, en la sala en un espacio nada acondicionado… Grabamos el caset y fuimos a un café internet para que nos lo pasara en disco. Y ese fue nuestro primer disco. Nosotros lo consideramos nuestro primer disco. Así llegamos a Cumbre Tajín.

A la fecha hay gente les escribe y les dice: ay, no mamen, qué poca madre, se oye bien feo.

―¡Ps sí, de eso se trata!

El segundo disco de la banda se llama Desecho en México, que les patrocinaron unos jóvenes ingenieros que los vieron en el Politécnico Nacional.

―Tienen su propio estudio de grabación y dijeron: queremos patrocinarlos para echar a andar nuestro estudio de grabación [estudio El Faro, que nada tiene que ver con la Fábrica de Artes y Oficios].

Los integrantes de la Orquesta Basura se dieron cuenta de cómo funcionaban las cosas, y como eran inquietos y tenían el hábito de hacerlo por ellos mismos, lo hicieron. Compraron su propio equipo y se grabaron.

―Surgió Pepenadores records: graba con lo que tengas a la mano; si ya tienes algo de equipo está bien pero si no tienes el súper equipo todavía, pues con eso. No necesitas más para transmitir tu mensaje.

Bajo ese sello grabaron su tercer disco: De mí para ti.

―Ese ya no tiene chiste, el nombre, pero tiene mucho que ver con el concepto: es una carta, una dedicatoria, de mí para ti, escrita con la máquina de escribir, con el acordeón. Una carta musical.

En su estudio han grabado a las Jóvenes Orquestas, específicamente a los jaraneros que acaban de tocar. También tienen Pepenadores films (manejada sólo por José Fernando) con el que grabaron su segundo videoclip. El primero se los hizo Grupo Calavera a cambio de un documental que hicieron sobre el proyecto de José Fernando, Yayo, Óscar y Bryan.

Finalmente este es el método de la Orquesta Basura: ayudar a los grupos musicales que de verdad no tienen lana, como pasó con ellos alguna vez, pero que quieren algo chido. Eso me lo dice sonriente el joven que está a punto de subirse a tocar y que, asegura, lo único que la Orquesta quiere es que todo fluya, quizá como la basura que se tira en un canal.

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Texto publicado originalmente en Kaja Negra.

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